Asesoría contable para empresas y autónomos

Tu contabilidad no es un archivo de facturas. Es la foto de tu negocio, y tiene que estar bien hecha antes de que alguien te la pida.

Llevamos la contabilidad completa de tu empresa: libros al día, cierre del ejercicio, cuentas anuales y depósito en el Registro, en plazo y sin recordatorios. Y coordinada con tu fiscalidad, que es donde se nota si está bien llevada.

Más de 30 años · Más de 500 nóminas al mes · Asesores y abogados en la misma casa · Red internacional IusTime
Asesoría contable para empresas y autónomos en Deferre Consulting

¿Qué es exactamente una asesoría contable de empresa?

Un programa de contabilidad hace una cosa muy concreta: registra lo que le metes. No te dice si lo estás metiendo mal, no decide en cuántos años se amortiza esa furgoneta, no detecta que llevas tres meses arrastrando un descuadre, y no contesta cuando Hacienda pregunta. Te ahorra el trabajo mecánico; lo que no te da es criterio, y el criterio es lo que separa una contabilidad que cuadra de una que además te sirve para decidir.

Por eso lo que se contrata en una asesoría contable no es la herramienta: es quién se sienta delante. Un asesor contable que mire el ejercicio antes de que termine, cuando tus números todavía se pueden cambiar —y eso se decide junto a tu asesoría fiscal, porque el resultado contable y la base imponible se construyen a la vez—, que te avise cuando algo no encaja, y que responda por lo que hay dentro.

Y no tienes que llevar nada tú ni aprender ningún programa: de la contabilidad de tu empresa nos encargamos nosotros, y tú entras en tu área de cliente cuando quieras a ver tus impuestos, tus balances y tus ratios. Tus números a mano, sin tener que pedirlos.

Servicios de asesoría contable

Llevamos la contabilidad completa de tu empresa, del asiento del día a día al depósito de las cuentas en el Registro. Y la llevamos sabiendo lo que viene después, porque en la misma casa está quien presenta tus impuestos.

Gestión de contabilidad

Es el trabajo que no se ve y que sostiene todo lo demás. Registramos, revisamos y cuadramos cada mes, de forma que cuando llegue el trimestre, el cierre o una consulta del banco, los números ya estén donde tienen que estar. Trabajamos con A3 y tú tienes acceso a todo en tu área de cliente.

Contabilizamos facturas emitidas y recibidas, movimientos bancarios, nóminas, amortizaciones y todas las operaciones del periodo, aplicando el criterio que corresponde a cada una y no el que sale por defecto.

Mantenemos el libro diario, el libro mayor y el de inventarios y cuentas anuales actualizados mes a mes, no acumulados para un empujón en diciembre. Una contabilidad que se hace de golpe al final del ejercicio no es contabilidad: es un resumen, y se nota en cuanto alguien mira.

Ese ritmo es lo que permite que en cualquier momento del año puedas saber cómo vas, y no enterarte en julio de lo que pasó en marzo.

Cuadramos cada mes los movimientos bancarios con lo registrado, y revisamos los saldos de clientes y proveedores para que las cuentas reflejen lo que realmente se debe y lo que realmente se ha cobrado.

Es donde aparecen los descuadres que nadie está buscando: un pago duplicado, una factura contabilizada dos veces, un cobro sin identificar que lleva meses en una cuenta puente, un proveedor con saldo acreedor que en realidad ya está pagado.

Cuanto antes se detectan, más barato es corregirlos. Un descuadre de doscientos euros en enero es una llamada; el mismo descuadre arrastrado doce meses es una hora de trabajo de alguien buscando el origen.

Antes de presentar cualquier modelo, cruzamos la liquidación con la contabilidad del periodo: el IVA repercutido y soportado, las retenciones practicadas y las bases declaradas tienen que coincidir con los libros.

Es la comprobación que más requerimientos evita y la que menos se hace, porque exige que la contabilidad y los impuestos los lleve el mismo equipo. Cuando van por separado, el descuadre entre el modelo 303 y el libro registro no lo ve nadie hasta que lo ve la Administración.

Y si aparece una diferencia, se corrige antes de presentar, no después con una complementaria.

El gasto de personal es la mayor partida del gasto corriente de la mayoría de las pymes, y la que peor se imputa cuando la nómina y los libros los llevan dos casas distintas.

Aquí no hay que reconstruir nada: la información llega desde la asesoría laboral de la propia casa, con el detalle por trabajador, por departamento y por centro de trabajo, y se contabiliza en el mes que corresponde.

Eso significa que el coste real de cada empleado —salario, cuota patronal, indemnizaciones, provisiones de vacaciones— está en tu contabilidad cuando lo necesitas para decidir, no seis meses después.

Toda tu documentación contable vive en tu área de cliente —el botón Área Clientes que tienes arriba—: libros, balances, cuentas anuales y los justificantes de todo lo que hemos tramitado, ordenados por ejercicio.

No hay que pedirla por correo ni esperar a que alguien la busque en un archivo. Está ahí el día que la necesites, que suele ser el día en que un banco pide tres ejercicios para estudiar una operación o llega una subvención con plazo de diez días.

Y funciona en los dos sentidos: tú subes ahí tus facturas y tus extractos cuando te viene bien, sin acumular una carpeta para final de mes.

Cierre del ejercicio

El cierre es el único momento del año en el que tus números todavía se pueden cambiar. A partir del 31 de diciembre solo queda contarlos. Por eso lo trabajamos antes de que termine el ejercicio, cuando las decisiones aún tienen efecto, y no en julio con el impuesto delante.

En el último trimestre revisamos el ejercicio entero: amortizaciones, provisiones, deterioros, periodificaciones, existencias, saldos de dudoso cobro y operaciones pendientes de registrar.

No es una comprobación formal. Es mirar si lo que hay contabilizado refleja lo que ha pasado de verdad en el negocio, y si hay decisiones que conviene tomar antes de que se acabe el plazo para tomarlas: adelantar una inversión, dotar una provisión que está justificada, regularizar un inventario que lleva tiempo desfasado.

Te damos una estimación del resultado del ejercicio antes de cerrarlo, con tiempo para actuar. Conocer la cifra cuando ya no se puede hacer nada no es asesoramiento: es información.

Hacemos la regularización de existencias, el traspaso de cuentas de gestión, el cálculo del resultado del ejercicio y los asientos de cierre y de apertura del siguiente.

Es trabajo técnico y poco lucido, pero es donde se decide si el balance que va a leer un banco, un socio o un inversor está bien construido o simplemente cuadra. Una periodificación mal hecha no impide que el balance sume: impide que signifique algo.

Al terminar, el ejercicio queda cerrado y el siguiente abierto y operativo desde el 1 de enero, sin arrastrar pendientes de un año a otro.

Te entregamos un informe con el resultado del ejercicio, la comparación con el anterior y las decisiones que recomendamos tomar, con su impacto estimado.

Y lo hablamos. Un cierre entregado por correo, sin una conversación de media hora, deja fuera lo único que no cabe en un documento: por qué ha pasado lo que ha pasado y qué se puede hacer distinto el año que viene.

Es también el momento de revisar si la estructura del negocio sigue siendo la adecuada —forma jurídica, reparto entre sociedad y socios, retribuciones— o si conviene replantear algo de cara al ejercicio que empieza.

Del cierre salen dos cosas que van por caminos distintos y que en Deferre se resuelven a la vez: las cuentas anuales, que hay que formular, aprobar y depositar en el Registro Mercantil, y la base imponible del Impuesto sobre Sociedades, que se construye sobre ese mismo resultado con sus ajustes.

Cuando la contabilidad y los impuestos los lleva la misma casa, ese resultado se calcula una vez y sirve para las dos cosas. Cuando van separados, el asesor fiscal recibe un balance cerrado que ya no puede discutir y trabaja con lo que le dan.

El siguiente bloque explica la parte registral. La fiscal está en el bloque 2 de esta misma página, donde se ve por qué las dos decisiones se toman juntas.

Cuentas anuales y depósito en el Registro

Es la obligación que más empresas incumplen sin saberlo, y la que tiene la consecuencia más desagradable: el Registro cierra la hoja de la sociedad y deja de inscribirse todo lo demás. Formulamos, preparamos la documentación de la junta y depositamos en plazo, sin que tengas que acordarte tú.

Preparamos el juego completo que corresponda al tamaño de tu sociedad: balance, cuenta de pérdidas y ganancias, memoria y, cuando procede, estado de cambios en el patrimonio neto y estado de flujos de efectivo.

El modelo aplicable —normal, abreviado o de pymes— depende de los umbrales de activo, cifra de negocio y plantilla, y cambia solo cuando tu empresa los cruza. Lo comprobamos cada ejercicio, porque presentar el modelo que no toca es un defecto de forma que obliga a rehacer el depósito.

La memoria no la despachamos con plantilla. Es la única parte de las cuentas que se lee, y es donde se explican las políticas contables, las operaciones vinculadas y los hechos posteriores al cierre.

Las cuentas se formulan, pero se aprueban en junta general, y sin ese acuerdo no se pueden depositar. Preparamos la convocatoria, el acta y la certificación de aprobación, con la propuesta de aplicación del resultado.

Es el punto donde la contabilidad se convierte en acto societario, y donde conviene que lo mire alguien que además lleve la parte mercantil: si hay reparto de dividendos, reservas obligatorias pendientes de dotar, pérdidas que comprometan el patrimonio neto o socios que no firman, el asunto deja de ser contable.

Eso lo resolvemos en la misma casa, desde la asesoría jurídica y mercantil, sin que tengas que buscar un notario o un abogado por tu cuenta a mitad del proceso.

Presentamos el depósito por vía telemática dentro del plazo que abre la aprobación de las cuentas, con la instancia, el certificado de aprobación y la declaración de identificación del titular real cuando corresponde.

Y hacemos el seguimiento hasta que el depósito queda inscrito. Si el Registro califica con defectos —que ocurre más de lo que parece, muchas veces por una firma, una fecha o un dato de la instancia—, subsanamos nosotros y volvemos a presentar. Un depósito rechazado que nadie vuelve a mirar equivale a no haberlo presentado.

Al terminar te queda el justificante de inscripción en tu área de cliente, que es el documento que pide un banco antes de conceder nada.

Transcurrido un año desde el cierre sin haber depositado, el Registro cierra la hoja registral de la sociedad. A partir de ahí no se inscribe prácticamente nada: ni cambios de administrador, ni apoderamientos, ni modificaciones de estatutos, ni ampliaciones de capital.

Eso significa que la sociedad sigue existiendo pero se queda quieta. El problema no aparece el día del cierre registral, sino meses después, cuando hay que firmar una operación con prisa y el notario pide una certificación que no se puede emitir.

Además existe régimen sancionador propio, con multas que se gradúan según el tamaño de la sociedad. Si arrastras ejercicios sin depositar, se puede regularizar: es el trabajo del bloque de contabilidades atrasadas.

Libros contables y legalización

Los libros son la prueba de que la contabilidad existe y de cuándo se hizo. Sin legalizar, tu contabilidad es un archivo en un ordenador que cualquiera puede modificar hacia atrás. Los preparamos, los legalizamos en plazo y los conservamos, que es la parte que casi nadie tiene resuelta.

Toda sociedad está obligada a llevar el libro diario y el libro de inventarios y cuentas anuales, además del libro de actas y del libro registro de socios o de acciones nominativas, según el tipo de sociedad.

Los dos primeros salen de la contabilidad y los preparamos nosotros con el cierre. Los dos segundos son societarios: recogen los acuerdos de las juntas y la titularidad del capital, y se actualizan cada vez que hay una junta o una transmisión de participaciones.

El autónomo tiene obligaciones distintas y más ligeras, que dependen de su régimen y de si desarrolla actividad empresarial o profesional. Se lo decimos en concreto, sin hacerle llevar libros que no le tocan.

La legalización se hace por vía telemática ante el Registro Mercantil del domicilio social, dentro del plazo que se abre tras el cierre del ejercicio, y con los libros firmados electrónicamente.

Es un trámite corto que se convierte en un problema cuando se pasa la fecha, porque los libros de un ejercicio no se pueden legalizar fuera de plazo sin dejar constancia de ello. Y esa constancia queda en el Registro para quien la quiera consultar.

Nos ocupamos del envío, del seguimiento de la calificación y de la subsanación si el Registro devuelve algún defecto. El justificante queda en tu área de cliente.

La legalización no certifica que tu contabilidad sea correcta: certifica que el día que la legalizaste decía lo que decía. Eso es exactamente lo que la hace útil.

Si años después hay una inspección, un conflicto entre socios, una reclamación de un acreedor o un procedimiento concursal, unos libros legalizados en plazo demuestran que esa contabilidad existía entonces y no se ha reconstruido a conveniencia. Unos libros sin legalizar no demuestran nada.

Es una de esas obligaciones que no da problemas mientras todo va bien, y que se vuelve decisiva justo cuando algo va mal.

La normativa mercantil obliga a conservar libros, correspondencia y justificantes durante seis años desde el último asiento, y la fiscal marca sus propios plazos de prescripción, que no siempre coinciden.

En la práctica, la duda no suele ser cuántos años hay que guardar, sino dónde están. Cuando se cambia de asesoría, de ordenador o de persona en administración, es habitual que los ejercicios antiguos se queden por el camino.

Aquí los conservamos nosotros y tú los tienes en tu área de cliente, ordenados por ejercicio y disponibles sin pedirlos. Es el mismo sitio donde están tus cuentas anuales y tus impuestos presentados.

Contabilidades atrasadas y cambio de asesoría

Es la conversación que casi nadie pone por escrito y por la que llama mucha gente. Si arrastras ejercicios sin cerrar, cuentas sin depositar o simplemente no te fías de lo que tienes, lo primero no es contratarnos: es mirar qué hay.

Antes de proponerte nada, revisamos los ejercicios anteriores: si los saldos cuadran, si las amortizaciones se han dotado, si el IVA declarado coincide con los libros, si hay partidas antiguas que llevan años arrastrándose sin que nadie las toque.

Te decimos qué encontramos, con nombre y apellidos, y qué consecuencias puede tener cada cosa. Sin adornos y sin aprovechar el momento para vender más de lo que hace falta: a veces el diagnóstico es que lo que hay está razonablemente bien.

Si decides quedarte donde estás, te quedas igualmente con el informe. No cuesta nada y no obliga a nada.

Con el diagnóstico delante, reconstruimos los ejercicios que haga falta: registrar lo que falta, regularizar saldos, reclasificar partidas mal imputadas y dejar los libros en un estado del que se pueda partir.

No prometemos que todo tenga arreglo, porque no lo tiene. Hay ejercicios prescritos, documentación que ya no existe y decisiones que solo se podían tomar en su momento. Lo que sí podemos garantizar es que sabrás exactamente qué queda mal y por qué, en lugar de descubrirlo el día que lo descubra la Administración.

Y cuando la corrección tiene efecto en los impuestos ya presentados, lo valoramos con la asesoría fiscal antes de mover nada: regularizar por iniciativa propia cuesta bastante menos que hacerlo después de un requerimiento, pero conviene saber en qué orden se hace.

Si hay ejercicios cuyas cuentas nunca se depositaron o cuyos libros nunca se legalizaron, se puede regularizar. Se preparan las cuentas de cada ejercicio pendiente, se aprueban en junta y se depositan, y con eso se reabre la hoja registral que estuviera cerrada.

Es un trabajo acumulativo: cuantos más ejercicios pendientes, más documentación societaria hay que reconstruir hacia atrás, incluidas actas de juntas que quizá nunca se celebraron formalmente.

Merece la pena hacerlo antes de necesitarlo. Quien descubre el cierre registral el día que tiene que firmar una operación descubre también que no se arregla en una semana.

Más sencillo de lo que parece, y lo gestionamos nosotros. Reclamamos la documentación a tu asesoría actual, la revisamos y te decimos qué ha llegado y qué falta, que no siempre es lo mismo.

El cambio se hace normalmente coincidiendo con un cierre de trimestre o de ejercicio, para que ningún periodo quede a caballo entre dos casas. En la práctica, lo único que tienes que hacer tú es firmar la autorización.

Lo que más frena a la gente no es el precio: es la sensación de que mudarse va a ser un lío y de que algo se va a perder por el camino. Por eso empezamos siempre mirando, no firmando.

Qué te dicen tus números

Una contabilidad puede cumplir la norma y no servirte para nada. Cumplir es el mínimo: lo interesante empieza cuando esos mismos números te dicen dónde ganas dinero, dónde lo pierdes y qué va a pasar dentro de tres meses.

Revisamos contigo la evolución del ejercicio con las cifras del anterior al lado: cómo se mueve el margen, qué partidas de gasto crecen más rápido que las ventas, cómo está la estructura entre fondos propios y deuda.

No es un informe con veinte ratios. Son tres o cuatro cosas que expliquen qué ha cambiado y por qué, contadas en un lenguaje que no obligue a nadie a traducir. Un dato que hay que explicar dos veces no sirve para decidir.

Es la misma conversación que abre el cierre, pero mirando hacia adelante en lugar de hacia atrás.

Revisamos contigo la evolución del ejercicio con las cifras del anterior al lado: cómo se mueve el margen, qué partidas de gasto crecen más rápido que las ventas, cómo está la estructura entre fondos propios y deuda.

No es un informe con veinte ratios. Son tres o cuatro cosas que expliquen qué ha cambiado y por qué, contadas en un lenguaje que no obligue a nadie a traducir. Un dato que hay que explicar dos veces no sirve para decidir.

Es la misma conversación que abre el cierre, pero mirando hacia adelante en lugar de hacia atrás.

El resultado del ejercicio y el dinero en la cuenta son cosas distintas, y es la confusión que más disgustos da: empresas con beneficio que no pueden pagar, y empresas con caja que no están ganando.

Con los datos de la contabilidad y los vencimientos de cobros y pagos se puede anticipar cómo va a estar la tesorería en los próximos meses, y ver con tiempo si hay un mes complicado. Anticiparlo permite negociar con el banco o con un proveedor desde una posición razonable, no desde la urgencia.

Es información que ya está en tus libros. Solo hay que ponerla en una hoja que mire hacia adelante.

Antes o después alguien te va a pedir las cuentas: un banco para una póliza o un préstamo, la Administración para una subvención, un socio nuevo, un comprador, un concurso público.

En esos momentos no se valora solo lo que dicen los números, sino la sensación de que la empresa los tiene bajo control: cuentas depositadas, libros legalizados, ejercicios cerrados y un balance que se explica sin rodeos.

Trabajar la contabilidad pensando en ese día es gratis si se hace desde el principio, y caro si hay que improvisarlo en una semana.

Asesoría contable para pymes, autónomos y sociedades

No todas las contabilidades pesan lo mismo. Lo que necesita un profesional que factura a veinte clientes no se parece a lo que necesita una sociedad con dos centros y treinta empleados, y el precio tampoco debería parecerse.

Autónomos y profesionales
Obligaciones más ligeras, pero obligaciones. Llevamos tus libros de ingresos, gastos y bienes de inversión según tu régimen, y te decimos qué tienes que guardar y qué no. Si tu actividad crece, también cuándo deja de convenirte seguir como autónomo.

Pymes y sociedades limitadas
El grueso de lo que hacemos. Contabilidad completa, cierre, cuentas anuales, depósito en el Registro y libros legalizados, coordinado con tus impuestos y con tus nóminas. Todo lo que una sociedad tiene que hacer cada año, hecho sin que tengas que acordarte.

Empresas con varias líneas, obras o centros
Cuando hay más de una actividad, la contabilidad general te dice si el conjunto gana dinero pero no cuál de las partes lo gana. Montamos la analítica desde el propio plan de cuentas para que el margen de cada línea salga solo cada mes.

Asociaciones y fundaciones
Tienen su propio plan contable y sus propias obligaciones de rendición de cuentas ante el protectorado o el registro que corresponda. Es un terreno en el que casi ninguna asesoría se mete, y nosotros sí.

Contabilidad par empresas, pymes y autónomos entregada por Deferre

¿Cuánto cuesta una asesoría contable?

No publicamos tarifas, y preferimos explicar por qué en lugar de dejarte buscándolas. Una cuota de contabilidad no depende del servicio: depende de tu empresa. Dos negocios que facturan lo mismo pueden costar el doble uno que otro si uno recibe treinta facturas al mes y el otro cuatrocientas.

Estos son los factores que mueven el precio, para que puedas hacerte una idea antes de pedir presupuesto:

Volumen de documentos

Facturas emitidas y recibidas, movimientos bancarios, nóminas y operaciones del mes. Es el factor principal, y el único que se puede medir sin conocerte: cuanto más se contabiliza, más cuesta contabilizarlo.

Forma jurídica

Un autónomo lleva libros de ingresos, gastos y bienes de inversión. Una sociedad lleva además cierre, cuentas anuales, depósito en el Registro y libros legalizados. No es el mismo trabajo ni el mismo calendario.

Complejidad de la contabilidad

Varias actividades o centros de trabajo, contabilidad analítica, existencias e inventario, operaciones intracomunitarias, subvenciones con justificación. Cada capa añade criterio, no solo registro.

De dónde partes

Si arrastras ejercicios sin cerrar, cuentas sin depositar o libros sin legalizar, recuperarlo es trabajo puntual y se presupuesta aparte de la cuota mensual. La cuota cubre lo que viene; lo que quedó atrás se valora por separado.

Qué incluye el precio de una asesoría contable

Lo que entra en la cuota mensual: la llevanza completa del ejercicio —registro, conciliaciones y cuadre con tus impuestos—, el cierre, la formulación de las cuentas anuales, su depósito en el Registro y la legalización de los libros. Y la consulta: preguntar si puedes hacer algo no se factura, entre otras cosas porque las empresas que no llaman por no gastar son las que acaban gastando más.

Lo que va aparte y no es nuestro: el Registro Mercantil cobra sus propios aranceles por el depósito de cuentas y por la legalización de los libros. Son tasas oficiales, se pagan igual con nosotros que con cualquier otra asesoría, y te las decimos antes para que no aparezcan como sorpresa en la factura.

Lo que se presupuesta por separado: recuperar ejercicios atrasados, regularizar depósitos pendientes o montar la analítica desde cero. Son trabajos puntuales, se valoran antes de empezar y nunca vas a recibir una factura por un concepto que no hayas aprobado.

Por qué elegir Deferre como asesoría contable

Hay muchas asesorías capaces de presentar tus cuentas anuales en plazo. Estas son las cinco cosas que no todas pueden ofrecerte.

Más de 30 años y 5 áreas bajo un mismo techo

Desde 1993. Contable, fiscal, laboral, jurídica y mercantil, con más de 500 nóminas gestionadas cada mes. Cuando una decisión afecta a dos áreas —y en contabilidad casi todas afectan a dos— se resuelve en una conversación interna, no en un correo entre dos despachos que no se conocen.

Un asesor contable con nombre, no un ticket

Lo que hace un asesor contable no es registrar: es decidir cómo se registra. Por eso hablas siempre con la misma persona, que conoce tu plan de cuentas, tu sector y tu histórico, y que en octubre no te va a pedir que expliques quién eres. No hay centralita ni número de incidencia.

Asesoría contable y fiscal en la misma casa

La mayoría de las empresas no contratan contabilidad sola: buscan asesoría fiscal y contable a la vez, porque son la misma cuenta mirada dos veces. Aquí el resultado del ejercicio se calcula una sola vez y sirve para el balance y para la base imponible. Cuando van por separado, el asesor fiscal recibe unas cuentas ya cerradas que no puede discutir.

Asesoría contable online, con área de cliente

Trabajamos con A3 y tienes asesoría contable online de verdad: tus libros, tus balances, tus cuentas anuales y tus impuestos presentados, en tu área de cliente y ordenados por ejercicio. Subes tu documentación cuando te viene bien y la consultas cuando la necesitas, estés en Valladolid o en cualquier punto de España.

Qué diferencia hay entre una gestoría y una asesoría contable

Es una pregunta razonable y casi nadie la contesta. Una gestoría tramita: presenta lo que le mandas, en plazo y sin errores. Una asesoría contable hace eso y además decide qué mandar, cómo registrarlo y qué consecuencias tiene.Dicho de otra forma: la gestoría responde de la forma, la asesoría responde del fondo. La primera te evita una sanción por presentar tarde; la segunda te evita que lo presentado diga algo distinto de lo que querías decir.Deferre hace las dos cosas, y por eso encontrarás la página tanto si buscas gestoría contable como si buscas asesoría contable. La diferencia está en quién se sienta delante de tus números, no en el rótulo.

Auditoría de cuentas: qué hacemos y qué no

Cuando una sociedad supera durante dos ejercicios los umbrales de activo, cifra de negocio y plantilla, sus cuentas anuales pasan a estar sujetas a auditoría de cuentas obligatoria. También ocurre si lo exige una subvención recibida, un pacto de socios o el propio estatuto de la sociedad.Deferre no firma auditorías: la auditoría de cuentas anuales está reservada a inscritos en el ROAC y no lo estamos. Preferimos decirlo antes de contratar y no cuando ya haya que hacerla.Lo que sí hacemos es todo lo demás, que es la mayor parte del trabajo y la que decide si la auditoría va bien o va mal: dejar la contabilidad en estado de ser auditada, preparar los desgloses y la memoria que el auditor va a pedir, atender sus requerimientos y ser su interlocutor. Tú eliges auditor; nosotros hacemos que no tenga que perseguirte.

Otros servicios de consultoría

Planificamos la fiscalidad de tu empresa antes de que venzan los plazos, no después. Impuestos, cierre del ejercicio y defensa ante requerimientos e inspecciones.

Nóminas, contratación, convenios, inspecciones y despidos. Más de 500 nóminas al mes, con asesores y abogados en la misma casa.

Contratos, sociedades, impagos y protección de lo tuyo. Nos anticipamos al conflicto y, cuando llega, no te pasamos a otro despacho.

Buscamos de forma continua las ayudas a las que puedes optar y tramitamos todo el proceso hasta su obtención.

Protección de datos, canal de denuncias y las obligaciones documentales que tienen régimen sancionador propio.

Compraventas, arrendamientos y la fiscalidad de cada operación, resuelta por la misma casa que lleva tus cuentas.

Acceso a financiación a través de las entidades con las que trabajamos, y ahorro y previsión como corredores de seguros.

nuestra calidad habla por si sola a través de

Nuestros clientes

★★★★★
Cliente de Deferre Consulting

Enrique Clérigo

CEO de Barro-Gres

Valorado con 5 de 5

«Gestoría y consultora de confianza y profesionalidad absoluta. Muchos años trabajando con ellos y siempre ofreciendo un servicio excelente además de cercanía al cliente. Totalmente recomendado!!!»

Valorado con 5 de 5

«Siempre accesibles y con magníficos profesionales. Me siento tranquilo con ellos en la presentación de impuestos y formularios varios. Me han resuelto varios requerimientos con Hacienda con éxito, sin ninguna sanción administrativa, librándome de todas las gestiones y con el archivo de los expedientes.»

Cliente de Deferre Consulting

Carlos, Daytona Motos

Propietario de negocio local

Valorado con 5 de 5

«Gestoría de mucha seriedad. Buenos profesionales con mucha experiencia.»

Deferre siempre responde

Preguntas frecuentes sobre asesoría contable

Las dudas que más nos plantean antes de empezar a trabajar juntos. Si la tuya no está aquí, escríbenos y te respondemos sin compromiso.

Un asesor contable registra las operaciones de tu empresa, cuadra los libros, cierra el ejercicio, formula las cuentas anuales y las deposita en el Registro. Eso es lo visible.

Lo que no se ve es la otra mitad: decidir cómo se registra cada cosa. En cuántos años se amortiza una inversión, si un gasto va a resultado o al activo, cuándo hay que dotar una provisión, si esa partida antigua sigue teniendo sentido en el balance. El registro lo hace un programa; el criterio lo pone una persona.

Y hay una tercera parte que solo aparece cuando hace falta: responder. Cuando llega un requerimiento o una inspección, contesta quien llevó la contabilidad.

Una gestoría contable tramita: presenta en plazo lo que le mandas, sin errores de forma. Una asesoría contable hace eso y además decide qué mandar, cómo registrarlo y qué consecuencias tiene.

La gestoría responde de la forma; la asesoría responde del fondo. La primera te evita una sanción por presentar tarde; la segunda evita que lo presentado diga algo distinto de lo que querías decir.

En la práctica los dos términos se usan indistintamente, y nosotros hacemos las dos cosas. La diferencia real no está en el rótulo: está en quién se sienta delante de tus números.

Cuando constituyes una sociedad, porque desde el primer día hay obligación de llevar contabilidad conforme al Plan General Contable, y el plan de cuentas que se monta al principio condiciona los años siguientes.

Cuando el volumen supera lo que una persona puede llevar entre otras cosas. No hay una cifra mágica: la señal suele ser que las facturas se acumulan, que el trimestre se prepara con prisa o que nadie sabe decir cómo va el año hasta que llega el cierre.

Y cuando lo que tienes ya no te sirve para decidir. Si tu contabilidad solo existe para cumplir, estás pagando por la mitad de lo que podría darte.

Las cuentas anuales son el documento que resume el ejercicio de una sociedad: balance, cuenta de pérdidas y ganancias y memoria, más los estados adicionales que correspondan según el tamaño.

Tienen un recorrido en tres pasos con plazos encadenados: primero se formulan tras el cierre, después se aprueban en junta general y por último se depositan en el Registro Mercantil. Cada paso abre el plazo del siguiente, así que retrasar el primero desplaza todo lo demás.

No damos aquí las fechas exactas porque conviene contarlas sobre tu ejercicio concreto, que no siempre coincide con el año natural. Lo que sí es seguro es que el calendario empieza el día del cierre.

Transcurrido un año desde el cierre sin haber depositado, el Registro cierra la hoja registral de la sociedad. A partir de ahí deja de inscribirse casi todo: cambios de administrador, poderes, modificaciones de estatutos, ampliaciones de capital.

La sociedad sigue existiendo, pero se queda quieta. Y el problema nunca aparece el día del cierre registral: aparece meses después, cuando hay que firmar una operación con prisa y el notario pide una certificación que no se puede emitir.

Además hay régimen sancionador propio, con multas graduadas según el tamaño de la sociedad. Si arrastras ejercicios, se puede regularizar depositando los pendientes.

Los libros contables obligatorios de una sociedad son el libro diario y el libro de inventarios y cuentas anuales, a los que se suman el libro de actas y el registro de socios. Sí, hay que legalizarlos, y por vía telemática ante el Registro Mercantil dentro del plazo que sigue al cierre.

La legalización no certifica que tu contabilidad sea correcta: certifica que el día que la legalizaste decía lo que decía. Por eso importa la fecha tanto como el contenido.

Su valor aparece justo cuando algo va mal: en una inspección, en un conflicto entre socios o en un concurso, unos libros legalizados en plazo demuestran que esa contabilidad existía entonces y no se ha rehecho a conveniencia.

Depende del régimen y de la actividad, y no es lo mismo en todos los casos. La contabilidad del autónomo en estimación directa se articula en libros de ingresos, gastos, bienes de inversión y, en actividades empresariales, provisiones y suplidos.

Lo que no tiene un autónomo es la obligación de formular cuentas anuales, depositarlas ni legalizar libros en el Registro Mercantil. Ese es el salto real que se produce al constituir una sociedad, y conviene saberlo antes de dar el paso.

Te decimos en concreto qué te toca a ti. Hacer llevar a un profesional libros que no le corresponden es una forma cara de no equivocarse.

Un programa es una buena herramienta y nosotros usamos uno: trabajamos con A3. Pero registra lo que le metes y no te dice si lo estás metiendo mal.

No decide criterios de amortización, no detecta que llevas meses arrastrando un descuadre, no sabe que ese gasto no es deducible como lo estás imputando, y no contesta cuando la Administración pregunta.

La comparación justa no es programa contra asesoría: es programa solo contra programa con alguien detrás. Y esa diferencia se paga sola la primera vez que aparece un requerimiento.

Porque la contabilidad tiene plazos que no esperan y consecuencias que se acumulan. Un error contable no avisa cuando se comete: se arrastra hasta que aflora en una inspección, en un cierre o en una operación con un banco.

Porque el tiempo que tu equipo dedica a cuadrar asientos es tiempo que no dedica a facturar o a atender clientes, y ese coste no aparece en ninguna factura pero se paga igual.

Y porque al externalizar la contabilidad junto con la fiscalidad, el resultado del ejercicio se calcula una vez y sirve para las dos cosas. Cuando van por separado, el asesor fiscal recibe un balance cerrado que ya no puede discutir.

Casi siempre, aunque no todo. Lo primero es mirar qué hay: revisamos los ejercicios anteriores y te decimos qué encontramos, con nombre y apellidos, antes de tocar nada y sin coste.

Con eso sobre la mesa se reconstruye lo que se puede reconstruir, se regularizan saldos y se depositan las cuentas pendientes, lo que reabre la hoja registral si estaba cerrada. Es trabajo acumulativo: cuantos más ejercicios, más documentación societaria hay que rehacer hacia atrás.

No prometemos que todo tenga arreglo, porque hay ejercicios prescritos y documentación que ya no existe. Lo que sí puedes dar por seguro es que sabrás qué queda mal y por qué, en vez de descubrirlo el día que lo descubra otro.

¿Revisamos tu contabilidad?

Cuéntanos de dónde partes y te decimos, sin compromiso, qué está al día y qué conviene poner en orden antes del próximo cierre.